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Balance de la CECA

, de Aroa Fandiño Serrano

En la nueva entrada de Europea Convencida hacemos balance de lo que dio de sí la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA).

Por un lado, es importante decir que en el momento en el que empezó a funcionar, la CECA se enfrentó a una reducción considerable de la demanda de carbón y acero. Pero los autores dicen que a pesar de ello, se produjo un desarrollo equilibrado de la producción y de la distribución de los recursos.

Más tarde, durante los años 70 y 80, años de crisis, esta organización supo reestructurarse y hacer las reconversiones industriales necesarias. Pero todo este trabajo se hizo teniendo en cuenta la protección de los derechos de los trabajadores, en base al modelo social europeo.

Por otro lado, el gran éxito de esta organización se mide en términos políticos. La CECA permitió organizar una convivencia pacífica para los europeos estableciendo un destino común para ellos (aunque puede que los europeos no fueran conscientes de ello). El acercamiento histórico entre Francia y Alemania y la cesión para la gestión en otras manos de un sector tan importante en aquel momento, como el carbón y el acero, supusieron los primeros pasos de esta “gran aventura europea”. Jean Monnet explicó que la CECA fue un paso técnico, pero su chispa originó una “revolución silenciosa” (porque estableció que la forma de colaborar entre los países se haría a través de instituciones comunes). Dijo que “logró persuadir a hombres de negocios, funcionarios, políticos y sindicalistas de que una aproximación de esta clase a los problemas políticos y económicos europeos, podría funcionar y que las ventajas políticas y económicas de la unidad eran inmersas en relación con una situación de división”.

Y el historiador Pascal Fontaine también ha subrayado que “esperar a las reflexiones provenientes de los movimientos de resistencia al totalitarismo, durante la Segunda guerra mundial, para ver emerger la concepción de una organización del continente capaz de superar los antagonismos nacionales. Altiero Spinelli, federalista italiano, y Jean Monnet, inspirador del plan Schuman y la primera comunidad europea del carbón y del acero en 1950, fueron el origen de los dos principales corrientes de pensamiento que dieron lugar al proceso de integración comunitaria: el proyecto federalista, fundamentado en el dialogo y en una relación de complementariedad entre los poderes locales, regionales, nacionales y europeos, y el proyecto funcionalista, centrado en la progresiva delegación de parcelas de soberanía desde el nivel nacional al nivel comunitario”

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