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¿En qué gasta la Unión Europea? Financiación UE, este gran desconocido…

, de Simone Corvatta Nerla

Muchos acusan a Europa de ser una carga inútil para los ciudadanos y que sin ella estaríamos mejor. Sin embargo es imposible no topar en algún lado con su intervención económica tanto que sus subvenciones han entrado de alguna forma en la vida de cada uno de nosotros. Sólo en 2015, Europa ha gastado 500 mil millones de euro para el desarrollo, la investigación, la cohesión social y las infraestructuras en los estados miembros. Lamentablemente pocos conocen su desarrollo y su historia.

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Cuántas veces, y sobre todo en los últimos tiempos, hemos escuchado que “Europa” es una carga inútil que grava sobre los ciudadanos, reduce la soberanía de sus Estados y limita su desarrollo. Con la crisis que aún está afectando a nuestros países no es difícil indignar la gente con semejante expresión. Pero, ¿es del todo cierta? Porque hay que considerar que durante un tiempo de crisis nacen mitos y leyendas con la misma facilidad que en la edad media, y siempre se busca a los instigadores de la plaga. Pero cuidado, porque con la misma facilidad con que nacen leyendas se queman en las hogueras a brujas presumidas.

Siendo legítimo buscar las causas de los problemas, no nos demoremos sobre lo que se vende fácil y no creamos a quién nos ofrece recetas milagrosas. Muchas veces, para tener un cuadro de la situación más claro, es suficiente darse un paseo para aclarar sus propios pensamientos, sin que nadie, de los que gritan o de los que se nos proponen como nuestros salvadores, nos condicionen el entendimiento y nos estropeen la tarde de ocio.

Pues tanto si decidimos de dar dicho paseo en el centro de nuestra ciudad, como en las periferias o en el campo, es imposible no topar con algún cartel de metal puesto en la fachada de algunos edificios antiguos, pero también modernos, en alguna estructura pública o incluso en la entrada de jardines, parques, senderos, carreteras, puentes etc. Por lo general nos recuerdan cuando ha sido realizada la obra, quién el arquitecto famoso – si hubo –, una breve descripción del lugar – si hace falta –, el símbolo del ayuntamiento o comunidad autónoma a que pertenece y, finalmente, como el código de barras en los productos que compramos y que no le hacemos el más mínimo caso, está un recuadrito azul con adentro un circulo formado por doce estrellitas amarillas. Estamos tan acostumbrado a verlo por todas partes que nunca nos hemos preguntado qué significa exactamente.

Hay que admitir que nadie se preocupó demasiado para enseñárnoslo, y que su significado se remonta a la noches de los tiempos…bueno, tampoco, es suficiente volver hasta hace cincuenta años, más precisamente en 1957. En aquél entonces las cosas eran un poco diferentes, de estos carteles no había ni la sombra, tampoco había quién gritaba contra “Europa”, porque de hecho no había “Europa” .

Sin embargo sí que había una situación bastante peor de la que tenemos nosotros hoy en día. Hace unos años antes los Estados que en aquel año se reunieron en Roma, en lugar de echarse la culpa o insultarse “democráticamente” en un parlamento común como hoy, se tiraban bombas, se aplastaban con tanques y se disparaban nada más verse, incluso si habían sido vecinos o amigos, y todo eso sin preocuparse demasiado si se trataban de niños, viejos o enfermos. Lo que resultó de eso fue un continente entero en escombros y la pérdida de aquel prestigio de que esos Estados soberanos hacían muestra con orgullo a los cuatros vientos. Pues en Roma, después de París en 1951, tuvieron la posibilidad de mirarse en los ojos otra vez y preguntarse juntos: “¿Y ahora qué hacemos?”.

Por suerte para nosotros, aquél día, los hombres reunidos en Palazzo dei Conservatori en el Campidoglio apostaron por un salida de aquella situación crítica con un crecimiento común, que ponía a lado las antiguas diferencias y se preocupaban de los problemas reales de lo que quedaba de Europa después de la guerra: reconstruirla, y hacerlo juntos para no volver luego a derribarla separados.

Por eso en los artículos 2 y 3 del Tratado de Roma de la CEE, se estipulaba también que tarea fundamental para la Comunidad Europea era aquella de promover un desarrollo armonioso equilibrado y sostenible de las actividades económicas, un elevado nivel de ocupación y de protección social, la mejoría del nivel de calidad de la vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los estados miembros. Como podréis comentar “las charlas valen cero sin respaldo de una acción”. Pues en aquel entonces una de las acciones que nació para conseguir los fines que se fijaron esos señores fue la de poner en común dinero para la creación de un fondo que financiaría obras y proyectos en favor del empleo y de la mejoría de la vida de los ciudadanos reactivando así la gran maquinaria económica de Europa: el Fondo Social Europeo (FSE). De tal manera a partir de 1958 una considerable suma de dinero venía invertida, por aquel entonces la Comunidad Europea, en subvenciones en favor de proyectos que fomentaría el empleo en los estados miembros.

Como cualquiera podría comentar, este fondo es poco cosa con respecto a lo que se necesita, y de hecho actualmente tal fondo cubre sólo un 13,1% del presupuesto de la Unión Europea. Pero claramente esta consideración la hizo alguien más en los años sesenta, tanto que en 1962 se instituía también el Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola (FEOGA) con el objetivo de potenciar la producción y la exportación agrícola y fomentando dicho sector. Actualmente este tipo de financiación hace parte de la Política Agrícola Común (PAC) y cubre el 34% del presupuesto de la Unión Europea.

Pues diréis que esto no llega ni a la mitad del dinero que hemos enviado a “Europa ¿y el resto que la Unión Europa nos quita, como se utiliza? Muy buena observación, tal como quién dice que “financiar sólo el sector agrícola está bien para producir más trigo pero no de solo pan vive el hombre”. Y aquí también alguien nos adelantó en las consideraciones, y en 1972 en París se reunieron todos los jefes de Estado y de gobierno para debatir sobre una política para poder fomentar la cohesión y el desarrollo en una Europa que a poco a poco estaba creciendo y presentaba fuertes desequilibrios regionales. Así en 1975 nació el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER). Este último tiene como objetivo lo de financiar la realización de infraestructuras e inversiones productivas en sectores clave para el empleo y favorecer sobre todo a las empresas en regiones particularmente necesitadas. Este fondo representa actualmente el 33,9% del presupuesto da la UE.

No obstante, y a pesar de todo, Europa para crecer necesitaba claramente más. Así en 1983 se instituyeron los primeros programas de financiación para la investigación y el desarrollo tecnológico, conocido como Programa Marco. Y este tipo de financiación nació con un carácter distinto respecto a todos los demás: mientras antes para poder acceder a una de estas subvenciones era necesaria la mediación de instituciones nacionales o regionales que gestionaban los fondos, ahora el ciudadano interesado podía empezar a solicitarlos directamente de la Comisión Europea.

Desde entonces los campos de financiación de proyectos se fueron extendiendo a muchos otros sectores como la cultura, la educación, la sanidad, el ambiente, el deporte, la ciudadanía, el turismo, la seguridad, etc., y el presupuesto se renovaba cada cinco años según la respetiva programación que respondía a un estudio sobre los problemas destacados en la UE.

El mundo de la financiación se ha hecho tan complejo y tan ramificado que a partir de 2014 se decidió de agrupar muchos de estos programas de financiación en uno único con el nombre de Programa Horizon 2020 que gestiona el 31% de los fondos concedidos.

Así que, volviendo a nuestro paseo, cada vez que vemos este simbolito de la UE puesto allí de un lado pequeñito y sin molestar, significa que esta “Europa” tan molesta ha puesto el dinero para la realización de la obra que estamos observando. Y es muy probable que muchos de los festivales en los que participamos, eventos o viajes de estudio de nuestros hermanos, becas de trabajo en el extranjero de nuestros amigos, actividades escolares de nuestros hijos o proyectos empresariales de nuestros padres estén subvencionados por esta Europa tanto incómoda al día de hoy. Y si consideramos que para realizar todo esto la UE emplea sólo el 1% del PIB de todos los estados miembros,imaginémonos que se podría hacer si fuera dotada de un 2% o 3%. ¿Por qué no se hace si es tan buena idea? Bueno, esta es otra historia y cada uno tiene el derecho de preguntárselo a sus políticos nacionales.

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