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Entrevista a Lola Sánchez Caldentey

, de Olalla Pastor Del Valle

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La vida de Lola Sánchez Caldentey cambió el 20 de Mayo de 2014, día que fue elegida eurodiputada por Podemos en el Parlamento Europeo. Hasta ese momento, a pesar de su amplio currículum, trabajaba de camarera. Charlamos de su partido, de Europa y del TTIP, tratado al que su grupo se opone con vehemencia.

Autores

  • Membre des Jeunes Européens - Strasbourg, rédactrice strasbourgeoise de Café Babel et collaboratrice du magazine El Nuevo Federalista, elle administre les réseaux sociaux du magazine Le Taurillon.

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Palabras clave

¿Cuáles son los objetivos de Podemos en el Parlamento europeo?

Venimos al Parlamento Europeo a hacer y a demostrar. A hacer un trabajo político importantísimo, inclinando las políticas hacia nuestra posición, que siempre es la defensa de la dignidad y el bienestar de las personas, especialmente de las más vulnerables, por encima de cualquier otro interés. Trabajamos por tanto, por la defensa de los servicios públicos y la protección social, de los trabajadores, del medio ambiente, y por la igualdad de aquellos colectivos que todavía son en muchos ámbitos considerados ciudadanos de segunda, como las mujeres, el colectivo LGTB, los discapacitados o las personas migrantes. Pero también es muy importante lo que venimos a demostrar: que es posible otra forma de hacer política. Nosotros no viajamos en business ni vamos a hoteles de cinco estrellas, publicamos nuestros ingresos y nuestros gastos, donamos dos tercios de nuestro sueldo, publicamos nuestras agendas y rendimos cuentas constantemente de nuestro trabajo, y demostramos así que para hacer política no son necesarios esos privilegios, sino que son perversos, ya que lo que provocan es que los políticos se alejen de la gente, se sientan absolutamente liberados de su mandato y trabajen sólo para su interés. Demostramos también que la transparencia es una ventaja en política, pues es la base de la confianza. Y si cuentas con la confianza de la ciudadanía eres mucho más fuerte políticamente. Esto es especialmente notorio en el Parlamento Europeo, donde a pesar de ser sólo cinco miembros, sabemos que a la hora de negociar con el oponente ellos ven a mucha más gente detrás de nosotros, y nos pone en una situación más ventajosa. Saben que lo contamos todo y que tenemos unas líneas rojas inamovibles. Para mí es especialmente importante la vertiente internacional del trabajo en el Parlamento. Podemos tiene una vocación innata de extenderse, de sembrar la idea del empoderamiento ciudadano a otros pueblos de Europa. Nuestra principal lucha está en nuestro país, pero no podemos obviar la enorme influencia que Podemos tiene en otros países, donde van apareciendo movimientos y partidos que buscan cambiar las cosas de la mano de la gente. O movimientos de izquierda que se renuevan, que renuevan su discurso y su imagen para acercarse a lo que se habla en las calles de Europa. La labor de apoyo y de trabajo en común es tremendamente importante, pues la realidad económica actual no entiende de fronteras, así que nosotros tampoco debemos tenerlas.

¿Cómo ve el futuro de Podemos en política?; y ¿cuáles son sus acciones más inmediatas?

El futuro inmediato son las elecciones generales, que tendrán lugar antes de final de año. Antes, a finales de septiembre, tendremos las elecciones en Cataluña, que son también muy importantes, aunque la especial connotación de estas elecciones, donde entra en juego la dimensión nacionalista, hace que los resultados no sean extrapolables al resto de España.

Pero son las generales las elecciones clave para Podemos. Desde el principio Podemos nació con el propósito de asaltar el gobierno central, que es desde donde se pueden cambiar radicalmente las políticas que venimos sufriendo los ciudadanos. Pablo Iglesias es nuestro candidato a presidente y es el mejor que podemos imaginar. Prueba de ello es que ninguno de los otros candidatos quiere debatir con él, le tienen un miedo atroz porque saben que les destrozan, especialmente Rajoy, el actual presidente del gobierno, que ni siquiera es capaz de nombrarlo. Es lo que pasa cuando se hace uso del sentido común en la vieja política: los desarmas. Está claro que ya se abrió una brecha política y social en mayo de 2014 cuando nos presentamos a las elecciones europeas, pero las elecciones generales han sido nuestro objetivo desde el principio, y van a constituir la verdadera ruptura del régimen actual, que venimos sufriendo desde hace 40 años en España, del férreo bipartidismo y de la ausencia de partidos que defiendan a la gente frente a los ataques y abusos de los grandes, y sobre todo la ausencia de partidos que no se hayan visto inmersos en casos de corrupción. Ellos han convertido la corrupción en una forma de gobernar. Pero se les ha acabado la suerte, la gente ha dicho basta.

¿Cuáles son sus principales “batallas” en el Parlamento Europeo? Usted se ha mostrado como una de las principales opositoras desde el Parlamento europeo de las negociaciones del TTIP ; ¿En qué punto se encuentran ahora dichas negociaciones? Y; ¿Cuál es su opinión al respecto?

Una de mis principales batallas es el TTIP, pero no la única. Estoy muy centrada en mi trabajo en la Comisión de Desarrollo, donde intento –algunas veces con éxito- frenar y denunciar una deriva muy peligrosa en las políticas de desarrollo europeas, que viene a ser la privatización de la ayuda al desarrollo. Una vuelta de tuerca más del neoliberalismo, que ha encontrado en este campo una bolsa de negocio. Y este trabajo está íntimamente relacionado con el que llevo a cabo desde la Comisión de Comercio Internacional, ya que son los tratados comerciales las herramientas perfectas para poner en bandeja los recursos naturales de muchos países en vías de desarrollo a las grandes empresas europeas.

Es un círculo perfecto – y perverso – el justificar que se ayuda al desarrollo enviando a unos expoliadores que ni siquiera pagarán sus impuestos allí, sino en Holanda o Luxemburgo, que no crearán empleos de calidad y cuyos beneficios saldrán rápidamente de ese país para volver a Europa. Parece que a muchos de los que apoyan estas políticas les calma la conciencia, lo que demuestra ignorancia, y a otros sólo les importan los beneficios de las empresas, puede que para conseguir un sillón con un buen sueldo en alguna de ellas. En cualquier caso, pensar en que el mercado es justo es una estupidez, pero el liberalismo ha extendido esta idea como un parásito dentro de nuestra opinión pública.

El TTIP debe enmarcarse en esta deriva neoliberal. Antes de verano se celebró la décima ronda de negociaciones, sobre la cual sabemos muy poco como nos tienen acostumbrados. El secretismo y la opacidad en todo el proceso no son sino señales de que si el entramado se hace público, el invento muere. El TTIP es el mayor de los logros de las grandes empresas y poderes económicos en Europa. Un tratado que constituye el sueño de las multinacionales, de los fondos de inversión, de los especuladores y los buitres de las bolsas y los mercados. El sueño de ultraliberales como Reagan, que llegó a decir que el origen de nuestros problemas eran los gobiernos, que es lo mismo que decir que el problema es que la gente vota y decide. El sueño de los grandes poderes económicos ha sido siempre convertirse en legisladores, poder saltarse los canales y procedimientos democráticos, y no tener que ‘soportar’ ni respetar más la voluntad popular y los mandatos que emanan de unas elecciones. Las políticas sociales, las normas y leyes que protegen al trabajador, al consumidor, al medio ambiente son, en sus propias palabras y mostrando no tener ningún tipo de escrúpulos, ‘obstáculos al comercio’, barreras a eliminar. Nos quieren callados, nos quieren desposeídos de cualquier capacidad de decisión sobre nuestras sociedades, que son nuestras vidas. Nos quieren esclavos: baratos y sin voz.

Si tuviera que resumir el TTIP en una frase, diría que es la Constitución de los grandes poderes económicos. Es el mayor golpe de Estado que podemos sufrir los pueblos del occidente desarrollado, pues nunca se han modificado tanto las estructuras democráticas en tantos países a la vez, así, de un plumazo y sin preguntar.

Casi 70 años después de la aprobación por la ONU de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, asistimos a un cambio de rumbo de 180 grados, a la primacía de los beneficios económicos por encima de la dignidad y el bienestar del ser humano. La perversión en la escala de valores es brutal, pero sus estrategias parásitas, a través de la publicidad y el comercio, de los medios de comunicación y de los idearios políticos vociferados por sus mayordomos, hacen que nos parezcan normales situaciones que no lo son, ideas que deberían parecernos aberrantes a todos y todas. Ese es el TTIP, y por eso no vamos a permitirlo.

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