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Jóvenes, comprometidos y en zonas de crisis: la idea detrás de los cuerpos solidarios europeos

Jean-Claude Juncker propone unos cuerpos solidarios europeos formados por jóvenes en zonas de crisis. ¿Qué puede ofrecer este sistema?

, de Marie Menke, Traducido por Juan José Generoso

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Los miembros de los cuerpos solidarios europeos podrían ayudar en futuras situaciones de catástrofes naturales. La imagen muestra una operación de protección civil apoyada por la UE en Bulgaria.– © EU/ECHO / Flickr/ CC BY-NC-ND 2.0-Lizenz

Creo firmemente en el trabajo de voluntariado de los jóvenes. Por un lado creo que es muy importante corresponder a la sociedad –no solo por todo lo que nos ha dado en nuestra infancia y juventud, sino también simplemente porque todos tendríamos que experimentar el bienestar que se siente al poder devolver algo. Vivimos en un mundo frenético y en constante cambio, en el que los voluntariados, especialmente aquellos centrados en el ámbito social, no solo nos proporcionan un espacio donde respirar y, por ejemplo, en el trabajo con personas mayores, una oportunidad para contemplar la realidad de una manera más pausada, sino que también nos pueden ayudar a valorar aquellas cosas que damos por sentadas. Además, ofrecen a los jóvenes la posibilidad de acumular una experiencia laboral que de otra manera sólo hubiera podido ser accesible tras terminar los estudios. Y también creo firmemente en los valores de los intercambios entre jóvenes. Vivimos en una maravillosa y heterogénea Unión Europea, en la que merece la pena explorar otras culturas y lenguas. Precisamente ahora, con la aparición de movimientos populistas de derecha que atraen a muchos jóvenes en distintos países de Europa, creo que es muy importante que se ofrezcan a la juventud estas oportunidades para expandir sus horizontes. Pensé en todos estos argumentos cuando Juncker propuso los cuerpos solidarios europeos. En los próximos años se crearían 100.000 plazas para jóvenes europeos. Como zona de operaciones, el presidente de la Comisión consideró, además de la zona afectada por el terremoto en Italia, los distintos focos de la crisis de los refugiados. Esta idea, sin embargo, no es del todo nueva: este año celebra su vigésimo cumpleaños el Servicio de Voluntariado Europeo, con el que jóvenes europeos de entre 17 y 30 años pueden realizar un máximo de 12 meses de voluntariado en distintos lugares de Europa. Quien quiera acoger a voluntarios, debe registrarse primero como organización de acogida. A continuación, las organizaciones deben de presentar el proyecto todos los años en sus respectivas agencias nacionales, de manera que, generalmente, siempre es necesaria la participación de voluntarios en catástrofes naturales, crisis de refugiados u otras situaciones. Sin embargo, mientras que en el Servicio de Voluntariado Europeo los interesados pueden elegir participar en diferentes zonas, el proyecto de los cuerpos solidarios europeos todavía deja abierto si la participación podrá ser igualmente en zonas específicas, o bien si las solicitudes serán de carácter general. Estas no son, sin embargo, las únicas preguntas que el proyecto deja todavía sin responder, y que también generan críticas: ¿deben desplazarse los jóvenes solamente cuando se les necesite, o habrá siempre un grupo listo para desplegarse? Lo primero conllevaría una organización rápida y espontánea, mientras que lo segundo significaría que algunos grupos no serían utilizados. Por otro lado, ¿es adecuado cargar sobre los jóvenes la solución de problemas tan complejos, aún cuando estos cumplieran solamente una función asistencial? El programa Erasmus + se basa en que todos puedan participar con independencia de la formación. La asistencia, por ejemplo, en campos de refugiados, no solo puede ser extremadamente exigente desde el punto de vista físico; también es cuestionable si los jóvenes que acaban de salir de la escuela están en condiciones de ayudar en estas situaciones, o si necesitan más instrucción de la que se les pueda proporcionar. También surge la cuestión acerca de si la Unión Europea intenta con este proyecto luchar contra las altas tasas de desempleo juvenil en algunos países, o bien solamente ofrece otra opción más a los desempleados, además de las prácticas no remuneradas, antes de encontrar un trabajo. Por supuesto, un voluntariado supone una valiosa experiencia y una magnífica oportunidad de crear contactos. Sin embargo, no hemos de olvidar que, si bien estas oportunidades ofrecen la posibilidad de mejorar las perspectivas de un determinado puesto de trabajo, los participantes aún siguen en formación y no son todavía activos laboralmente. En resumen, todavía no se conocen muchos detalles acerca de la idea de Juncker. La realidad es que ya existen programas similares de los que se benefician muchos jóvenes europeos, sin embargo, también existen críticas sobre las que hay que trabajar. También es un hecho que, por ejemplo, el programa Erasmus +, que incluye el Servicio de Voluntariado Europeo, recibe fondos siempre para una duración determinada de algunos años para ser después reestructurado. Quizás también incluya, dentro de poco, unos cuerpos solidarios europeos.

Ver en línea : Jung, engagiert und in einer Krisengegend: Die Idee hinter dem Europäischen Solidaritätskorps

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