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Manifiesto: ¡Porque una Europa federal es necesaria!

, de Alexandre Marin

El federalismo europeo no es sólo un sueño de algunos pensadores humanistas. No es sólo un plan para hacer de este continente un espacio sin guerra. También es un proyecto con el objetivo de responder a los desafíos actuales. Si desde 2008 la crisis económica ha golpeado duramente al euro es porque siguen faltando en la construcción europea las bases que permitan una nueva estabilidad en el seno de la Unión.

Autores

  • Etudiant en droit français et espagnol à l’Université Complutense de Madrid et à Paris 1 Panthéon-Sorbonne

Palabras clave

La Unión Europea no ha encontrado los medios para ejercer influencia entre la ciudadanía ni la comunidad internacional. El proyecto federalista se encuentra frente a un triple desafío económico, político, y diplomático. Necesitamos una Europa federal porque es el proyecto el más adecuado para responder a los desafíos de hoy en día.

Frente a la crisis, una federalización de la zona euro

Una federalización más avanzada de la unión monetaria permitiría a cada Estado luchar contra la crisis eficazmente. Los Estados de la zona Euro deben “darse la mano” porque dieciocho Estados reunidos (el total de la zona euro) son más fuertes que dieciocho Estados competidores. En resumen, una Europa económica federada es necesaria al ser garantía de estabilidad y de cohesión.

Desde un punto de vista más práctico, el federalismo europeo quiere promover tres aspectos.

  • Solidaridad económica completa de los Estados. Solidaridad que sólo es posible si aceptamos que los presupuestos nacionales estén sujetos y sean explicados con trnsparencia en el marco de la Unión Europea. Al racionalizar los presupuestos de los Estados miembros, estos deberían recibir la certeza absoluta de ser apoyados sistemáticamente por unanimidad en caso de crisis económica, medida que permitiría a estados como Grecia o a España salir de la recesión en la que se encuentran.
  • Armonización fiscal, imprescindible para poner fin a la competencia fiscal que bloquea la Unión y que ha alentado los Estados a reducir poco a poco los impuestos sobre las sociedades y los impuestos sobre las masas patrimoniales más importantes. Tal competencia fiscal ha incrementado los déficits públicos de los Estados miembros e indirectamente ha agravado la crisis económica, que es también una crisis del endeudamiento público. El proyecto federalista busca una legislación común a nivel europeo sobre tasas de imposiciones mínimas, evitando así todos los vicios de la competencia fiscal intra-europea.
  • Renacimiento a través de la inversión, que, asociada a medidas económicas en coste de funcionamiento permitiría combinar las dos aspectos esenciales en toda economía saludable: creación de empleo e inversiones duraderas en los Estados europeos menos avanzados.

Frente a los nuevos desafíos internacionales, una unión política más fuerte

Se ha criticado mucho a los federalistas por ser maximalistas, es decir, pretender que una federación real funcionase tan bien como algunos Estados federales que tienen más de doscientos años de existencia. Quienes realizan dicha crítica no hacen ninguna distinción entre el proyecto de largo plazo de los federalistas, que es la federación, y las medidas progresivas propuestas por los federalistas a corto palzo desde la lógica y el sentido común(muchas de las cuales han sido adoptadas luego por todo tipo de partidos políticos).

En el ámbito internacional, queda claro que en la Unión Europea no sólo falta la cohesión, sino también la claridad. Además de los problemas institucionales que bloquean toda acción diplomática europea, los diferentes Estados miembros no parecen tomar conciencia de respectiva inoperancia. Si los estados europeos han podido enorgullecerse de ser los líderes del mundo en el siglo XIX, a día de hoy no son más que potencias nivel medio.

Europa ha de tener, en el ámbito internacional, una voz amplia, un poder diplomático real. En este sentido, una Europa federal resultaría conveniente para responder a esta voluntad de unidad y de peso diplomático, sobre todo cuando percibimos como nuestro continente va progresivamente quedándose relegado en las relaciones internacionales, a la par que el centro de gravedad diplomático se desplaza hacia Asia.

Frente a los desafíos del siglo XXI, un continente europeo con una sola voz será siempre más fuerte que veintiocho Estados vacilantes y dubidativos. Europa ya demostró su ineficacia durante la guerra de ex-Yugoslavia o en 2003, frente a la invasión de Irak, pues no consiguió hablar con una única voz ni transmitir un solo mensaje, tal como hicieron los Estados Unidos con sus respectivos aliados.

Los desafíos ecológicos y energéticos del futuro también requieren una respuesta común europea. La importante subida de los precios del petróleo y del gas y la necesaria transición ecológica conducirán a grandes cambios para la ciudadanía europea. El sistema europeo actual de toma de decisión impide actuar con eficiencia, mientras que en una Europa federal tanto la toma de decisiones como su posterior puesta en práctica se llevarían a cabo de una manera mucho más ágil.

Todas estas reformas no serían posibles de otra forma que abogando por una mayor democratización de Europa.

Frente a los nacionalismos que vuelven a resurgir, necesitamos una Europa más democrática

Hay ámbitos en los que la UE realizó un trabajo ejemplar, como por ejemplo con la creación del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, o en la defensa de los derechos del consumidor. En ambos casos la Unión Europea manifestó una gran atención hacia sus ciudadanos. A pesar de estos éxitos recientes, la institución aún padece una evidente falta de legitimidad. Asistimos en este momento, como suele suceder durante las crisis económicas, a una simplificación y a una bipolarización del espacio político europeo. En la mayor parte de los Estados se crea una división que está poco a poco reemplazando la oposición tradicional entre izquierda y derecha. La nueva escisión que ya es visible en Hungría o Grecia en menor medida, reorientará en los próximos años el debate político en torno a la cuestión europea: los partidos tradicionalmente europeístas se enfrentarán a una nueva derecha nacionalista.

Una Europa federal es ante todo una Europa que pone los ciudadanos en el centro de su construcción. Hoy en día, las decisiones son tomadas en cumbres europeas donde se despliegan negociaciones opacas entre jefes de Estado y de gobierno dónde a los ciudadanos europeos no les queda otra que adaptarse a las decisiones de los políticos nacionales. El parlamento europeo es violado y los ministros se apropian la legitimidad popular. El establecimiento de una Europa federal va hacia una mejora de la participación de los ciudadanos a la política europea, y a una defensa más eficaz de estos mismos ciudadanos. Para ello resulta obvio que las instituciones han de ser reformadas, para lograr de este modo:

  • una mayor participación de los ciudadanos, a través de un Parlamento Europeo con mayores prerrogativas, sobre todo para el voto del presupuesto europeo y de la iniciativa legislativa. Tal medida pasa por una valoración del presupuesto de la Unión (hoy en día, el 1% del PIB europeo); para que la gente tenga más interés en las instituciones que utilizan su dinero.
  • La elección de un presidente de la Unión europea por sufragio universal.
  • Una repartición clara de las competencias entre el nivel federal y los Estados federados, respetando el principio subsidiariedad.
  • La transformación del Consejo Europeo en una corte representativa de los Estados con los mismos poderes que el Parlamento.

Así, en los ámbitos social y político, el desafío del federalismo es ante todo la lucha contra el nacionalismo, el primer enemigo de la Unión. ¿Acaso existe alguna otra medida para debilitar estos partidos, por esencia contestatarios, que democratizar la Unión? Personalmente, ni se me ocurre ni lo deseo.

¡Únamonos por una Europa más federal y más democrática!

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