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Mazzini Precursor de Europa

, de Andrea Vincenzini

En esta reseña quería destacar un personaje histórico que, con su infatigable proselitismo en favor de la causa de la libertad y democracia europea ha anticipidado de más de un siglo la visión de la integración europea, es decir Giuseppe Mazzini. Pues, el profeta de la Italia Republicana y de la Europa de los Pueblos, gracias a la creación de asociaciones internacionales como la Joven Europa, La Liga Internacional de los Pueblos y la Alianza Republicana Universal, tuvo la clarividencia de sentar las bases de un pensamiento europeista que, muchas décadas después, vendrá desarrollado con éxito por los padres fundadores de la Comunidad Europea, (Konrad Adenauer, Alcide De Gasperi, Robert Shuman, Paul Henry Spaak, Winston Churchill) y desembocará, el 1 de enero de 1958, en la fundación de la CEE.

Giuseppe Mazzini, al final del verano de 1846, escribió una serie de nueve artículos que fueron sucesivamente publicados por el semanario de orientación social y democrática The People’s Journal. Estos ensayos salieron a la luz con el título de Thoughts Upon Democracy en Europe. El septimo artículo, dedicado a la reflexión sobre el cosmopolitismo, aplicaba el planteamiento democrático a la política internacional. Allí Mazzini preveía la asociación de los paises, la alianza de las naciones para cumplir en paz su misión, la organización de los pueblos libres e iguales, ayudandose mutuamente. Este planteamiento fue “Un Lucido intento de política democrática, fundada sobre la ley del deber que reemplazaría a la política de invasión de los derechos ajenos  [1]”. Es fundamental destacar que ya este diseño anticipador de los tiempos había aflorado en el manifiesto de constitución de la Giovine Europa, fundada en Berna, por siete exiliados italianos, cincos alemanes y cincos polacos. Entre los ochos puntos que constituían un llamamiento a los patriotas europeos, se podía leer: “El porvenir nos traerá una Giovine Europa. Es la Joven Europa de los pueblos que se superpondrá a la vieja Europa de los Reyes. Es la lucha de la joven igualdad contra los antiguos privilegios; la victoria de las jovenes ideas contra las viejas creencias. [2].”

Mazzini estaba convencido que la solución particular de la independencia nacional italiana no podía tratarse separadamente del problema más general del logro de la libertad para las muchas nacionalidades oprimidas. Por eso, hacia falta contraponer a una Europa dominada por las potencias absolutistas, surgida con el congreso de Viena, una Europa de naciones libres, aprovechando del apoyo y de la sensibilidad de la opinión pública mundial y explotando las inevitables crisis internacionales que, de vez en cuando, el conjunto de los Estados coronados no lograba arreglar. Mazzini había impulsado la creación de la Giovine Europa con la finalidad de difundir las mismas idealidades nacionales y democráticas entre los otros pueblos europeos y construir un centro de coordinación de todas las dispersas familias nacionales europeas. Se trataba de unir a los mílites de las nacionalidades por encima de la lucha por la existencia de los singulos estados. Sin embargo, las vicisitudes de la Giovine Europa fueron inmediatamente obstaculizadas por la expulsión de Suiza de los patriotas que habían participado a la fundación de la asociación. Las confesiones de los miembros capturados y las revelaciones de los infiltrados infligieron un duro golpe a la Giovine Europa que se redujo a pocas personas. A este punto, el infatigable apóstol del republicanismo intentó reconstituir una nueva red secreta de la asociación ensanchandola a todas las organizaciones nacionales. Fue así que a la Giovine Italia se agregó una Giovine Polonia, una Giovine Svizzera, una Giovine Francia, una Giovine Germania, y una Giovine Spagna. Entre los adherentes, artesanos y obreros particiban juntos a los intelectuales. No obstante todo, la falta de cohesión de los varios grupos y el trabajo de infiltración de espías operado por Metternich, provocó el desmantelamiento de las varias células nacionales. Durante su estancia en su nueva tierra de asilo político, en Inglaterra, Mazzini llegaría a la conclusión que la Giovine Europa había fracasado como estructura, pero no como fe. Además, el Reino Unido, parecía al exiliado genovés como el país adecuado para alejarse de las intrigas de Metternich y para valerse de todas las posibilidades de la libertad, en primer lugar la libertad de prensa. Allí, el pensador genovés podía incluso disfrutar de la ilusión de ejercer la actividad de escritor y también de corresponsal de periódicos franceses como Le Monde, gracias a la solicitud de Lamennais. Fue en el Reino Unido que Mazzini adoptó la postura no solo de conspirador, sino de un pensador democrático y patriótico de nivel internacional, convirtiéndose en el líder de la Democracia en Europa. Así que, para reafirmar este nuevo rol, Mazzini, seguro que la opinión pública inglesa respaldase la causa de las poblaciones sometidas, el 28 de abril de 1847 constituyó en Londres, juntos a William Linton, la Liga Internacional de los Pueblos. La Liga llegó a contar, a lo largo de su existencia, 400 afiliados y 1000 simpatizantes. Linton, en sus recuerdos, destacaba:

En la repartición de Europa que tuvo lugar en el Congreso de Viena se cometió un gran error para esconder una tremenda iniquidad. Las peculiaridades naturales del carácter, la alusión a los diferentes destinos, las tendencias innatas y diferentes de los varios pueblos fueron absolutamente desatendidas y atropelladas. Fue un trabajo apresurado, desconsiderado y imprevidente, elaborado, por un lado, por potencias que no tenían otro objetivo que sus intereses despóticos y sus ampliaciones territoriales; por otro lado, gracias a la intervención de politiqueros que no veían más allá de su nariz y buscaban únicamente la paz presente, asustados como eran y cansados de las convulsiones que habían ocurrido en Europa, y sin alguna fe en el porvenir. Hombres únicamente comprometidos a restablecer el viejo sistema infringido por Napoleón [3] .

La conclusión del documento era perentoria: “El asunto vital que en este momento domina Europa y forma la base de todo el movimiento democrático europeo es la cuestión de las nacionalidades, de los derechos y deberes nacionales [4] ”. Por su parte, en el mensaje a los miembros de la Liga, Mazzini sostuvo que los pueblos dotados de una identidad nacional clara por lenguas, tradiciones, inclinaciones y características geográficas tenían derecho a la libertad y a la independencia y que todas las naciones europeas tenían que crear en futuro un extenso mercado común y una Unión, en la cual todas llevarían su contribución a una extraordinaria hazaña común, cuyos frutos se destinarían a mejorar y hacer más segura la vida de todos los ciudadanos. El profeta de la causa de los pueblos terminaba así:

La Unión futura tendrá que asegurar la paz y el progreso en el derecho y la justicia y pues favorecer un constante intercambio de ideas y de conocimientos en provecho de todos los países... y aquella libertad de comercio; aquel intercambio sin restricción de productos naturales y industriales, que, solo, puede atender a las necesidades materiales de las naciones [5]. .

Para Mazzini, el proceso asociativo europeo, una vez superadas divisiones y hostilidades, acabaría por crear naciones hermanas, libres e iguales. De hecho, como el individuo y el Estado debían vivir y progredir armónicamente en el interior de cada democracia nacional, así, la Patria y la Humanidad tenían que proceder con concordia fraternal para impulsar la constitución de los Estados Unidos de Europa, la Alianza republicana de los Pueblos.

Pues, el programa social democrático y republicano del patriota genovés ha inspirado una parte del constitucionalismo contemporáneo. De hecho, su Joven Europa representaba el precedente más organico de la Unión Europea y su Santa Alianza de los Pueblos imaginada en torno a la revolución del ’48 prefiguraba la organización de las Naciones Unidas y los principios de los derechos humanos que constituyen su fundamento. Para subrayar estos acontecimientos, Giovanni Spadolini que fue secretario del Partido Repubblicano Italiano de 1979 a 1987, y presidente del gobierno italiano de junio de 1981 a diciembre de 1982, decidió intervenir a un congreso sobre la Giovine Europa que tuvo lugar en Berna en 1984. Allí Spadolini dijo que la institución de la Giovine Europa había representado el inicio de aquel proceso de integración europea que habría continuado con más rapidez en el Noveciento. Pero, sobretodo, el ex presidente del Senado de la República italiana, siempre atento a las conexiones históricas, explicó que existía un simbólico e importantisimo vínculo ideal capaz de atar dos fechas: el 1834 y el 1941. Se trataba de un puente jalonado por la presencia de dos manifiestos, en aparencia diferentes entre ellos, pero ambos de notable significado político, cultural y moral; lo de la Joven Europa y lo Para una Europa Libera e Unita, más conocido como Manifiesto de Ventotene, redactado por Ernesto Rossi y por Altiero Spinelli, cuando, a causa de sus antifascismo, se veían forzados al exilio interno en aquella pequeña isla. De hecho, Spadolini [6] afirmó, sin ninguna ambiguedad, que la idea de Europa había nacido gracias a los lazos entre la esperanza de la ilustración y la esperanza cristiana, entre la fe en el rescate cristiano y la fe en la dignidad laica de los seres humanos, entre el ideal evangélico y el ideal democrático, entre la civitas dei y la civitas hominis. Pues, Mazzini identificaba el europeismo con el progreso, la superación de las barreras de los antiguos estados y las reformas sociales y educativas. Además, ya a partir de aquel primer juvenil texto escrito en el 1928 y titulado D’una letteratura europea, Mazzini había profetizado:

Existe en Europa una concordia de deseos, de necesidades, un alma universal que guía las naciones por sendas conformes hacia una medesima meta. Pues, la literatura, cuando no quiera condenarse a las nimiedades, tendrá que expresar esta tendencia, auydarla, orientarla y hacerse europea [7] .

En este sentido, es exacto afirmar que la idea de la Giovine Europa salió del campo literario, de las páginas de la Antologia, donde había tomado forma y contenido y llegó a ser realidad. Estas son palabras de un ayer lejano que parecen escritas para hoy .

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Notas

[1I. Pascual Sastre, Giuseppe Mazzini, Pensamientos sobre la democracia en Europa, Editorial Tecnos, Madrid 2004, p. 24.

[2Salvo Mastellone, Mazzini dalla Giovine Europa alla Lega dei popoli, en Giuseppe Mazzini, dalla Giovine Europa alla Lega internazionale dei Popoli, a cura di C.Ceccuti, Edizioni Polistampa, Firenze 2008, p. 47

[3Zeffiro Ciuffoletti, Mazzini e La Giovine Europa, en Giuseppe Mazzini dalla Giovine Europa alla Lega Internazionale dei Popoli, a cura di C.Ceccuti, p. 33.

[4Ibidem.

[5Ibidem

[6Spadolini evidenció, que De Sanctis, utilizando una metáfora muy sugestiva, había definido a Mazzini el Mosé de la unidad que entrevió la tierra prometida. Sin embargo, en la tierra prometida, entró Giosué, es decir, la monarquía piamontesa.

[7Arturo Colombo, Il Mazzini di Spadolini, En Giuseppe Mazzini dalla giovine Europa alla lega internazionale dei Popoli, p. 181.

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