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Política ficción: Cosmópolis

, de Aida Dos Santos

Al hablar de la heterogeneidad muchos aluden a la Cosmópolis, al entender que nos estamos convirtiendo en ciudadanos del mundo debido al era globalizadora. No tenemos la necesidad de comprometernos con una comunidad en particular, J. de Santos apunta hacia dos visiones: una visón y un enfoque diferente de la ciudadanía y de la pertenencia, basada en la asociación de los individuos del mundo en torno a un sistema global de derechos de las personas individuales, el denominado cosmopolitismo impolítico. Por otro lado, el político, se basa en transformaciones sociales radicales disolviendo los antiguos órdenes westfalianos por una auténtica sociedad mundial, por una economía global y por la descomposición interna de los viejos estados nacionales y su posterior disgregación en unidades políticas menores entrelazadas regionalmente.

Autores

  • Politóloga por la Universidad Complutense de Madrid promoción 2010-2014. Premio del Centro de Excelencia Jean Monnet - Antonio Truyol en 2011 y en 2014. Actualmente alumna del Centro de Estudios Financieros donde preparo mi ingreso al cuerpo de Interventores-Tesoreros de la Administración Local.

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La ciudadanía europea es tan paradigmática que se presenta como el modelo de aplicación de lo que podría ser eventualmente una auténtica ciudadanía cosmopolita, en el sentido de una ciudadanía post-nacional, vinculada exclusivamente a la adhesión a ciertos valores universales, y por lo tanto extensibles en el límite al mundo entero. La creciente globalización política, económica, social y jurídica ha hecho ganar peso a la conexión, cada vez más real entre la ciudadanía política y la ciudadanía cosmopolita. La ciudadanía cosmopolita se va configurando como una ciudadanía múltiple, que opera a varios niveles, ¿y como si no se está configurando la ciudadanía europea? Un fenómeno destacable de la participación europea en el resto del planeta pasa en gran medida por la ex Vicepresidenta y Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Asthon: “la credibilidad de la Unión Europea depende de cómo interactuamos con nuestros socios mundiales” Llegados a este punto, tenemos qué está por encima de quién, la embajada de la unión o la embajada del Estado, nos encontramos frente al problema de duplicar, un problema de legitimidad y económico, ya que nadie ignora lo costoso que puede significar mantener una embajada de más. Siguiendo la lógica, la diplomacia de los estados es la que está destinada a desaparecer, pero cuándo y quienes es un problema que resolverá la Europa del futuro.

La comunidad universal, se basa en unos principios racionales que ha hecho que para muchos no sean suficiente, carecen de fuerza motivadora para fundar la cohesión social mínimamente exigible en una comunidad política. No debemos perder de vista que la ciudadanía activa requiere valores colectivos “cálidos” que estimulen solidaridad, la virtud cívica, y el compromiso de los miembros de dicha comunidad. Pero el problema es que esto sólo se ha logrado por medio de las identidades nacionales y de las comunidades particulares.

Se ha argumentado desde varios ámbitos que se puede producir una Cosmópolis, desde el contexto de la Organización de las Naciones Unidas. Se debe promulgar por lo tanto en pro del cosmopolitismo político y del ideal kantiano de la paz perpetua, a través de la actuación inmediata en tres planos básicos, el legislativo, el ejecutivo y el judicial.

En resumen, se establecería la creación de una segunda cámara a nivel de internacional representativa de los ciudadanos del pueblo democrático de modo directo, y no sólo a través de sus gobiernos, sino a través de la Asamblea General. Del mismo modo se debe realizar una reforma del Consejo de Seguridad, convirtiéndolo realmente en un órgano ejecutivo y por supuesto se debe suprimir el derecho a veto.

El establecimiento de un Tribunal Institucional para la protección de los derechos humanos con jurisdicción obligativa y universal, sería del mismo modo indispensable. Esto no se debe entender como una desaparición inmediata o a corto plazo de los Estados Nacionales, sino un paulatinito proceso de disolución, redefiniendo el papel internacional de estos, y articulando una democracia escalonada en varios niveles. Podemos ir visionando ya los efectos de la globalización, de cómo está todo interconectado y no se da cabida a la huida. No puedes escapar del poder de los mercados, no puedes constituirte independiente del sistema económico que rige desde los intereses de los holstings hasta la nota de corte de las ingenierías. Todo acaba supeditado a un interés económico, y no estás a salvo de sus mecanismos. En mi opinión el sistema que tenemos es el que es porque desde que se llevó a la práctica no ha habido nadie capaz de crear un sistema que confiere totalmente otro sistema nuevo y diferente ya que si cambias el capitalismo debes cambiar el mundo tal y como lo conoces, no es sólo plantear una alternativa, hay que superar al capitalismo para poder escapar de su mecánica.

El continente de la libertad, de la solidaridad y, sobre todo de la diversidad, lo que implica el respeto de las lenguas, culturas y tradiciones de los demás. Europa se constituye como la única frontera que se establece es la de la democracia y los derechos humanos. La Unión está abierta a los países que respetan los valores fundamentales, tales como las elecciones libres, el respeto a las minorías y el Estado de Derecho. Deberíamos ser exigentes con esos valores y este concepto de Europa. Esto quiere decir, que por una parte, los valores fundamentales no pueden quedar reservados al interior de las fronteras de la Unión Europea, por lo que a mi entender, se establecen las bases para la armonización de una sociedad global, y por lo tanto de una ciudadanía cosmopolita que comparte los valores citados. Hemos hecho de nuestro modelo, nuestro original modelo un modelo de gobernanza con vistas a ser global, y por lo tanto a fundar el cosmopolitismo.

La Unión Europea se cristaliza por lo tanto como una potencia que quiere enmarcar éticamente la mundialización, es decir, ligarla a la solidaridad y al desarrollo sostenible.

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