Receta para ciudadanía a la europea (I): las adversidades

, de Aida Dos Santos

Receta para ciudadanía a la europea (I): las adversidades

Desde un tiempo atrás se ha establecido un desiderátum por concretar la ciudadanía europea. De repente parece que exista una urgencia atroz por investigar este pilar de los procesos democratizadores. Se apunta a que han sido los cambios políticos y sociales de las distintas naciones occidentales los que han despertado el debate sobre la ciudadanía.

Para Ree nos debemos remitir al debate sobre el Estado de Bienestar, y más sobre el restablecimiento del lazo entre la ciudadanía política y social. Para De Lucas se debe encortar un substrato, un alma para el proceso de integración europeo que acerque al ciudadano. Es impensable que sin la capacidad para construir el imaginario europeo colectivo, exista la comunidad. Nadie dijo que fuera fácil. ¡Estamos hablando de Europa señores!

El viejo continente resume su historia en la historia de un continente hostil, no será fácil con la abismal disparidad de la identidad y de las nacionalidades. Pero Europa hace mucho que dejó de constituir el mundo por completo, incluso puede perder el carácter de ser lo mejor del mundo – si creemos que alguna vez lo fue –. El ex comisario (y también ex socialista para muchos) Almunia defiende que es impensable una Europa fragmentada, capaz de frenar la crisis individualizada. Y comparaba la situación de los Estados que han sido intervenidos (rescatados) desde la Unión Europea, con los Estados que no pertenecen a la Unión y ha hecho frente por ellas mismas, siendo en su opinión mucho más graves las consecuencias para la población:

¿Qué sería de cada uno de nosotros, de cada uno de nuestros países si no tuviésemos la Unión Europea, que sería de todos estos habitantes sin el Euro? Grecia tendría una crisis de dimensiones descomunales. Si no estuviésemos unidos, si no tuviésemos el euro y las políticas que acompañan al euro, la solución de los problemas griegos, sería extraordinariamente más difícil. El precio que han tenido que pagar los ciudadanos de Islandia, por tener que pagar su crisis e intentar resolverla ellos solos, en vez de poderla resolver en el conjunto de la Unión, ha sido inmenso. Hasta el punto de crear problemas políticos muy serios, desde el punto de vista de la estabilidad de Islandia.

¿Podríamos decir entonces que la identidad de la Unión Europea es la identidad de la unión ante las adversidades? Primero una unión para contrarrestar los conflictos bélicos que asolaban el continente desde tiempos inmemorables, unirse para ser más competitivos, y unirse para que la crisis no acabe con nosotros.

Debemos contar no obstante, con las identidades nacionales de esta Europa nuestra, si son las que dividen y enfrentan a Europa. ¿Qué solución le damos al problema? Como apunta De Lucas no podemos basar la identidad europea en una esatzidentität que sustituya por completo a las “subidentidades” y a las identidades de los Estados, creando así una identidad posnacional de aquellas que anunció Habermas. El problema que está sufriendo la identidad europea es que se ha convertido en la identidad de las élites, hemos llegado al momento en el que solo hablan de Europa los eurodiputados, nadie sabe a ciencia cierta si cuando el Ejecutivo anuncia, “desde la comisión europea me han recomendado hacer tal política y la debo seguir”, de verdad le han dicho algo a este señor en Bruselas o lo que ocurre es que se quiere quitar las responsabilidad de una gestión para nada popular. Otra característica de la identidad europea tal y como se está desarrollando, no desde el proyecto que se gesta en las comisiones, si no lo que cada persona siente, es que se construye una identidad frente al otro. Y en cierto modo, esta es la única forma de formar una identidad europea, desarrollar un nacionalismo y un cierto patriotismo. De acuerdo con Walker Connor, el patriotismo representa una adición emocional al propio estado o país y a sus instituciones políticas; y el nacionalismo es el sentimiento hacia el propio pueblo, es decir, al propio grupo etnocultural. A partir de esta formulación, parece acertado pensar que es mucho más fácil que se desarrolle un patriotismo europeo al nacionalismo, podemos idolatrar a las instituciones, pero es mucho más difícil, casi imposible hablar de los habitantes de Europa como pertenecientes al mismo grupo etnocultural.

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