Covid-19 y la (última) crisis de la UE

, de Alonso Campos

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Covid-19 y la (última) crisis de la UE
Pedro Sánchez y Angela Merkel, en un encuentro bilateral en 2018. La Moncloa (Flickr).

Este artículo está dedicado a Alfredo Garrido Guanipa, el tío del autor, que tristemente falleción de Covid-19 el 29 de marzo de 2020 en Madrid, España.

A medida que la pandemia de Covid-19 cruza el globo, dejando centenares de miles de infectados, decenas de miles de muertos y más de mil millones de personas en confinamiento, los países europeos intentan coordinar una respuesta efectiva a la última amenaza a la estabilidad de la UE. Con la mayoría del Continente en medidas de confinamiento, las gobiernos nacionales se están preparando para apoyar a sus economías para mitigar daños económicos a largo plazo, preparando miles de millones de euros en préstamos, avales, y más. El Banco Central Europeo (BCE) también se ha unido en el esfuerzo, su compromiso con el euro “cueste lo que cueste”. Pero surge la pregunta… ¿quién pagará todo esto ?

Viejas ideas para problemas nuevos

Los bonos comunes de deuda europea (normalmente llamados “eurobonos”) han sido una parte central del debate sobre la reforma de la UE y la Eurozona durante los últimos años. Su popularidad y notoriedad creción durante la Crisis de Deuda de la Eurozona, ya que sus promovedores los veían como una manera de mantener la solidaridad entre todos los Estados miembros.

Al emitir deuda común apoyada por la totalidad de la Eurozona o la UE, aquellos países peor golpeados por la crisis de deuda serían capaces de financiarse in los mercados de deuda internacionales a una tasa de interés más baja, rebajando presión sobre sus presupuestos nacionales y acelerando su recuperación. Sin embargo, la idea fracasó, ya que la oposición decidida de los países del norte reacios a la deuda se enfrentaba a la débil posición negociadora de aquellos países necesitados de apoyo financiero.

Ahora, los eurobonos están de moda de nuevo, como parte de una propuesta de nueve países (apoyada por Italia, España y Francia, entre otros) para financiar la recuperación común de la UE tras la pandemia. Los nuevos “coronabonos” ayudarían a enfrentarse a los problemas económicos que la pandemia provocará, un “shock sistémico externo, del que ningún país es responsible, pero cuyas consecuencias negativas son soportadas por todos”.

La última pelea en Bruselas

Mientras que el nuevo intento de implementar los eurobonos tiene más países en apoyo y es más fuerte y coordinado que el anterior intento, oposición desde los países del norte (sobre todo de los Países Bajos y Alemania) sigue siendo feroz. La situación se desató en la cumbre electrónica del Consejo Europeo el 27 de marzo, donde Italia y España amenazaron con plantarse y boicotear la declaración final de la reunión debido a la oposición de algunos países a cualquier cosa que ellos vieran como acción efectiva para enfrentarse a los próximos problemas económicos.

Alemania y sus seguidores propusieron el uso del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE) y otras herramientas ya disponibles, que los críticos aseguran son demasiado limitadas en su aplicación y demasiado estrictas en sus condiciones (sin ser la menor de ellas que estos mecanismos son técnicamente un rescate, con el estigma y condiciones que ello conlleva). En la dinámica europea habitual, se llegó a un acuerdo de mínimos por el que las partes se volverían a reunir en quince días tras haber trabajado para desarrollar nuevas propuestas.

Desde entonces, la situación se ha deteriorado más, después de que comentarios del Ministro de Finanzas holandés Wopke Hoekstra alcanzaran la prensa, en los que se preguntaba por qué la Comisión Europea no había investigado Italia y España sobre la razón por la cual no tenían suficientes fondos para la respuesta de emergencia del coronavirus, ya que según él la crisis financiera terminó hace siete años. Estos comentarios, que recordaban a aquellos hechos por el ex-Ministro de Finanzas holandés Jeroen Dijsselbloem donde acusaba a los países del sur de gastarse su dinero en “alcohol y mujeres”, desataron el enfado en foros de internet y redes sociales alrededor de Europa, y fueron repudiados por el Primer Ministro portugués Antonia Costa como “repugnantes” y “contrarios a los valores europeos”.

Desde luego, los comentarios de Hoekstra no son sólo insensibles al sufrimiento de aquellos afectados por la pandemia del coronavirus y de aquellos que lo serán por la caída económica subsiguiente, sino que también destruyen cualquier posibilidad de solidaridad europea y empatía por parte del gobierno holandés. Además, ignoran la realidad del enorme esfuerzo fiscal realizado por los países del sur, tanto en términos de recortar presupuestos como en términos de aumentar la recaudación (con el coste social asociado a subir impuestos y recortar servicios públicos).

Algunos partidarios de los eurobonos, sobre todo en los países del sur, han dirigido su ira provocada por los comentarios de Hoekstra hacia la UE en general, la cual no tiene ningunas competencias para crear los eurobonos por su cuenta, y cuyas instituciones llevan mucho tiempo apoyando una mayor solidaridad fiscal. A pesar de ser injustas, esas críticas dirigidas a la UE tienen razón en un punto : la Unión Europea se basa en la solidaridad de sus miembros hacia los demás, y no puede existir sin ella. La falta de una respuesta coherente en solidaridad con aquellos más afectados por esta crisis (y los comentarios despectivos de algunos miembros de gobiernos) sólo puede ser achacada a los Estados miembros (y no a la UE), pero al amenzar los valores de la Unión, amenazan a la Unión también.

El camino a seguir

Los eurobonos son un paso necesario en consolidar la Eurozona y un presupuesto y hacienda europeos comunes, y serían una herramienta ideal para financiar la respuesta a la pandemia, y para asegurar que Europa sale de ella más fuerte, más resistente, y más cohesionada. Derechos comunes demandan deberes comunes, sí, pero deberes comunes demandan derechos comunes también, y por ello si los Estados miembros no son libres de tener déficits y de seguir políticas fiscales totalmente libres (deberes), deberían tener derechos comunes también (eurobonos), a fin de asegurar la prosperidad de todos.

Críticas dirigidas hacia los países del sur que reclaman un instrumento común de deuda, como supuesta falta de ética laboral o disciplina fiscal, frecuentemente carecen de una base real, achacando problemas económicos supposed a una supuesta falta de moral y carácter, en una actitud moralizante que no debería existir en a día de hoy. Además, muchos apuntan a los propios problemas de aquellos que acusan al sur de irresponsabilidad fiscal, como el estatus de los Países Bajos como seudo-paraíso fiscal bajo la estrategia conocida como el “Sándwich holandés”, y como los problemas alemanes con sus superávits fiscales y de exportación.

Si bien ni los eurobonos ni aquellos que los proponen son perfecto en ningún caso (más bien al contrario, los problemas económicos de los países del sur podrían llenar muchos artículos como éste), un instrumento de deuda común europeo es el mejor camino a seguir si queremos salvar la economía europea cuando pasen las medidas de confinamiento. No es suficiente usar el Mecanismo Europeo de Estabilidad, o el presupuesto de la UE (como la Comisión propone ahora), ya que serán demasiado poco y demasiado tarde, al faltarles tanto tamaño (estando limitados al dos y uno por ciento del PIB de la UE, respectivamente) y flexibilidad (debido a los retrasos temporales en su aplicación y a las condiciones impuestas a los países receptores en ellos).

A medidas que las presiones sobre los gobiernos holandés y alemán aumentan desde fuera y desde casa (ya que también hay gran oposición a las posiciones de sus gobiernos en ambos países), parece que sus posiciones se debilitan, y, a pesar de seguir sin aceptar los eurobonos u otras medidas muy necesarias, hay verdadera esperanza de que un debate más constructivo y empático pueda seguir en las próximas semanas.

Solidaridad y acuerdo siempre han sido las bases del Proyecto Europeo, y son fundamentales en seguir adelante. Si vamos a seguir presionando por una Europa más cohesiva e integrada, entonces no sólo debemos luchar para lograr los eurobonos como una muestra necesario de solidaridad europea – sino también contra aquellos como el Sr. Hoekstra que insisten en no mostrar solidaridad y empatía por sus conciudadanos europeos, y que insisten en demostrarlo en los términos más duros posibles.

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