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Europa que Somos

, de Simone Corvatta Nerla

Hay muchos cuentos y muchas historias sobre Europa. Muchos grandes que hablan y muchos acuerdos entre Estados, bancos, multinacionales, lobbies. Europa siempre ha sido diseñada por otras personas, iluminadas o menos, que decidían que esta tenía que ser así o de otra manera para nosotros, y nos han enseñado a entenderla según unos esquemas definidos y rígidos. ¿Pero de verdad Europa es solo eso? En esta rúbrica hay una Europa diferente, son las historias de quién Europa la está viviendo y mira con miedo y esperanza al futuro.

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Cuando éramos niños y nos ponían delante de un mapa todo colorado decían que este era nuestro continente, este era nuestro país y aquellas líneas que los definen había que acordársela bien para tener que repetirlas al día de los exámenes. Teníamos que saber con quién confinaba Italia, España, Francia, Alemania etc. Y teníamos que acordarnos bien que lengua hablaban.

Nosotros éramos los del centro, con el mapa mejor definido y los demás eran “los otros”, muchas veces incluso sus capitales, sus ríos y sus mares venían adaptados a nuestro idioma. Muchos de nosotros tardaron más de veinte años para entender que ese bosquejo colorado no era nada más que la suma de nuestras diversidades, y que estas hacían parte del mismo conjunto de pueblos que habían convivido uno a lado e otro, o incluso uno entre los otros, durante miles de años. Creciendo aprendimos que esta era Europa, y que era algo más que la Champions League y la Eurocopa. A poco a poco aprendimos que esas líneas que diferenciaban un País de otros no eran nada más que convenciones, y que el extranjero no estaba tan lejano. Cuando llegamos a entender que esta Europa nos había garantizado más de 70 años de paz, ya estábamos viviendo entre los demás, compartiendo experiencias, trabajando codo a codo, contándonos nuestros sueños y nuestras dificultades. Había llegado el punto en que hacíamos dificultad a distinguir si uno de nosotros era austriaco, belga, portugués, griego o inglés. Y cuándo alguien nos decía que nuestras culturas eran tan diferentes empezamos a buscarlo en nuestros autores de toda la vida: Dante Alighieri, William Shakespeare, Miguel de Cervantes o Víctor Hugo, Thomas Mann, James Joice o Franz Kafka. Pero no podíamos entenderlas estas diferencias de que nos hablaban… todos habíamos leído lo mismo. Pero, la cosa más curiosa de todas, era que llegamos a este punto sin ni siquiera saber cómo. Nadie nos había obligado, nadie nos había dicho que se hacía así y así. Simplemente nos encontramos juntos, y esto sí, quizás ingenuamente, pensamos que no podía existir otra forma de vivir. Sin embargo llegó el momento en que alguien, con más experiencia de nosotros, dijo que una forma sí había, y que era como vivíamos antes, y que antes se vivía mejor cuando estábamos cada uno por su lado. Avanzaron varias razones, algunas discutibles y otras debatibles, sin embargo, a pesar de todo, la nostalgia para un tiempo pasado, que por la verdad solo los más mayores vivieron, sacó mejor partido y se decidió con un voto.

El pasado jueves 23 de junio de 2016 ha marcado una fecha emblemática por la historia de Europa, y cuando los ciudadanos que vivían en este continente hecho de líneas y colores se despertaron con resaca en un black Friday con la boca aun pastosa de las celebraciones de algunos por la noche anterior, se encontraron con algo que no podían creer posible. Uno de los principales actores del mayor proceso de unificación de la Historia, declaró con un voto referendario de querer salir de este, retomar su independencia, su soberanía y volver, como protagonista entre los grandes jugadores en solitario.

Los días que siguieron al black Friday fueron días de golpes financieros, declaraciones económicas, debates políticos y cumbres entre grandes. Se sacaron muchos temas sobre el valor del voto, de la expresión popular, de un sistema de gobierno europeo que no funciona, de dinosaurios de la política, echando culpas a los tecnócratas, a los populistas, a los ignorantes, a los inmigrantes, a los banqueros etc. Todos debates y cuestiones de muy respetable valor y de extremo interés, sobre todo si se considera que de lo que se decidirá entre los representantes de cada Estado dependerá el futuro de muchas personas reales que viven en esta Europa habiendo olvidado esos confines que el black Friday recordaron.

Esta rúbrica no quiere debatir sobre las razones o menos de tal resultado, no quiere cuestionar sobre las decisiones políticas de personas seguramente más preparadas de todos nosotros. No quiere controvertir sobre el voto de la ignorancia o menos, sobre el valor referendario o las razones de la economía. A esta rúbrica le gustaría subrayar que incluso un referéndum, máximo instrumento en mano de la democracia directa y real, no puede ser considerado como un partito de futbol de la Eurocopa, en que gana el equipo que marca un gol, incluso al minuto 90 y de manera fortuita, eliminando del torneo al equipo adversario. A esta rúbrica le gustaría poner el acento sobre el hecho de que algunas decisiones no se pueden tomar tan ligeramente como la eliminación de la selección de un torneo de futbol. Hay reglas que respetar, pero esta verdad tiene tanto valor como el hecho que no siempre la Vida, o la Naturaleza, sigue la senda impuesta por reglas humanas, y que las vidas de las personas no son un partido de futbol.

Finalmente esta rúbrica pretende recoger los testimonios de chicos y chicas que despertándose al black Friday se dieron cuenta que sus vidas son diferentes de los resultados previstos por las “normas del torneo”. Son consciente de lo que podrá pasar y tienen miedo, tienen dudas, tienen esperanzas, y estas son sus historias. Son las historias de la gente común, de los jóvenes que a pesar de la política tienen que luchar cada día para sus aspiraciones, para su sitio en el mundo, para su forma de ser en medio de una tormenta que está asustando incluso a los grandes. Son las historias de Europa que somos.

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