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Los reflejos del TTIP en el cuadro europeo y mundial

, de Cecilia Gialdini, Gianluca Bonato, Traducido por Simone Corvatta Nerla

Los equilibrios geopolíticos están en continua evolución. El emerger de China ha obligado a EEUU a fortalecer la orilla europea con el TTIP: así que hace ya dos años que oímos esta palabra y, con el paso del tiempo, la suma de sesiones de negociaciones y el aumento de la atención pública, hace que vayamos descubriendo su significado.

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Ahora vemos también las formaciones sobre el terreno. Los liberales, inspirados en la aplicación de la teoría de la ventaja comparada de David Ricardo, aprovechan la ratio, brindando por intercambios comerciales más efectivos entre Unión Europea y EEUU. Los que quieren defender los derechos y las garantías adquiridas de trabajadores, productores y consumidores, por contra, son partidarios de una revisión radical de los términos del acuerdo en discusión o para una interrupción definitiva de las negociaciones corrientes, temiendo una grave amputación de los derechos. Considerando que el TTIP involucra áreas que representan el 50% de los intercambios comerciales a nivel mundial y, sobre todo, las consecuencias económicas y políticas que podrían tener sobre el proceso de integración europea, creemos que ahora es oportuno intentar de dar una perspectiva federalista.

Empezamos por la esencia de la materia, y nos preguntamos: ¿qué es el TTIP? El TTIP (en español, “Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión” [n.d.t.]) es un tratado en el medio entre el acuerdo de librecambismo (para la reducción/abolición de los aranceles entre las dos áreas) y la unión económica (para los estándares comunes de producción que se pretende alcanzar – expuestos en el mandato de la Comisión europea). ¿Cuál de esos aspectos es el más prominente? Sin cabo a dudas, el segundo: las tarifas arancelarias medias y ponderadas, actualmente, son, por parte de ambas áreas, muy bajas, entre el 2% y el 3%; una ulterior reducción no puede, entones, producir grandes resultados. Por otro lado, un incentivo más fuerte para el aumento de los intercambios podría derivar de la abolición de las barreras no tarifarias, es decir por los diferentes estándares legales de producción que hacen costoso, para una empresa de una de las dos áreas, ir allende del océano.

Entonces, ¿a qué cambios macroeconómicos llevarían todas estas medidas? Estando todavía el acuerdo en fase de negociación, no hay respuestas que puedan satisfacer con certidumbre a la pregunta. Sin embargo existen algunas estimaciones. Hoy disponemos de por lo menos cinco estudios sobre el tema: Ecorys (2009) , CEPR (2013) , CEPII(2013) , Berelsmann (2013) , Capaldo (2014) .

Los primeros cuatro se basan sobre el modelo del Banco Mundial, sostenido por asuntos de la teoría económica neoclásica; el último sobre el modelo de la ONU, de matriz keynesiana. Los resultados no son congruentes, en varios ámbitos. Miramos, entonces, las tendencias comunes. La más importante es el aumento de los flujos comerciales entre Unión Europea y EEUU (hacia Washington estimados del 28% hasta el 60%, hacia el Viejo continente desde el 37% hasta el 80%) y la relativa disminución del comercio inter-europeo (las estimaciones van desde el 2% hasta el 42% de bajada). Una segunda e importante tendencia común, además, es el prevalecer de las intervenciones sobre las barreras no tarifarias provocando estos cambios. Detengámonos sobre la primera de las dos y volvemos a nuestro objetivo principal: intentar de dar una perspectiva federalista al TTIP.

¿Es conveniente, para el proceso de integración europea, en un momento crucial para su destino, aumentar el interdependencia económica con los EEUU y disminuirla en su interior? Y, sublevando el tema de la integración europea, nos sale espontáneo preguntarnos también: ¿un acuerdo entre un Estado regido por un gobierno federal con un presupuesto que cuenta con más del 25% de su PIB y una unión monetaria sin un verdadero gobierno federal y con un presupuesto inferior al 1% de su PIB es un acuerdo que puede producirse en condiciones de igualdad? La respuesta que nos damos es: claramente no. La Unión Europea, para no ser el socio débil de la unión, antes tiene que dotarse de un gobierno federal de la eurozona, con un presupuesto que tenga reales capacidades equitativas y definir, al mismo tiempo, los varios grados de integración en su propio interno. Pasando a la segunda tendencia, ¿cuáles barreras no tarifarias podrían ser derribadas? Principalmente, dos: los derechos de los trabajadores (no olvidemos que, si la Unión Europea ha adherido a las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo, los EEUU aun no lo han hecho) y las garantías sobre la calidad – y el origen – de los bienes (una divergencia fundamental entre las dos áreas es la licencia en la comercialización de los bienes: la UE aplica el principio prudencial; los EEUU piden evidencia científica de la peligrosidad de un bien, para prohibirlo). En este caso, un primer señal de tutela de los derechos lo ha dado el Parlamento Europeo el pasado 8 de julio, cuando, además de escuchar la alocución de Tsipras, ha aprobado una resolución sobre el TTIP que pide, entre varias cosas, la aplicación del principio de prudencia en la comercialización de los productos, protección jurídica para las etiquetas de indicación geográfica de la Unión y de los órganos públicos de jurisdicción sobre las disputas. Pero la defensa de una línea no puede ser mantenida, si no se tiene la fuerza para hacerlo (el gobierno responsable frente al Parlamento Europeo y el presupuesto federal).

Incluso en el momento en que la Unión Europea se dote de un gobierno y un presupuesto federal, faltaría un elemento necesario para la firma del TTIP: una reforma del orden monetario internacional. Nos dice porque el post-TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte [n.d.t.]) de 1994: después de la firma, el presidente Clinton declaró que se crearían millones de puestos de trabajo en los EEUU. Los hechos respondieron con un millón setecientos mil puestos de trabajos menos . ¿La razón? El valor demediado a final de 1994 de peso mexicano, que movió la balanza comercial entre los dos Países hacia la parte de Ciudad de México. Para tener consecuencias ciertas y controlables de la firma del TTIP, es necesario entonces la formación de un sistema monetario internacional estable, que apueste por una única divisa mundial. De otra forma, imaginemos las consecuencias del TTIP en drásticas oscilaciones de las monedas de las dos áreas que pasan por un 50% de los intercambios comerciales y por un 80% de aquellos financieros de todo el planeta.

En conclusión, para la Unión Europea, es mejor que primero solucione las propias debilidades institucionales. Luego podrá disfrutar del TTIP como eje para reformar el sistema monetario internacional y para llevar algunos derechos, juntos con bienes físicos y financieros, también más allá del océano.

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